El gato Pángur Bán, que tuvo un amo cantor y anónimo en el siglo IX, pasea ahora por El Desván haciendo compañía a P’áng Urbán, nuestro puerco espino mimosamente azul, mientras nosotros copiamos el poema por las paredes, por el suelo, por las ventanas, a lo largo del tejado… por eso, porque sí, porque pintar palabras es nuestra diversión.
Solemos yo y Pángur Bán, mi gato,
en lo mismo los dos pasar el rato;
cazar ratones es su diversión,
cazar más bien palabras mi pasión.
Es preferible a todo aplauso humano
sentarse con papel y pluma en la mano;
Y Pángur no me mira con rencor,
siendo él también sencillo cazador.
Frecuentemente, un ratoncillo errante,
cruza el camino de mi gato andante;
alguna idea más, frecuentemente,
coge en sus redes mi afilada mente.
Vigila el muro con sus ojos vivos,
redondos, maliciosos, agresivos,
escudriñando el muro del saber,
mi poca comprensión busco entender
Día tras día, a Pángur su ejercicio
lo ha hecho ya perfecto en el oficio;
yo, noche y día alcanzo más verdad,
trocando en clara luz la oscuridad.