Una de las condiciones que convierten en sagrado lo sagrado es, precísamente, que lo sagrado no se toca.
Así que la cosa queda en que tienen razón, y en que el que dibujó nos debe a todos una disculpa, porque hay cosas que no, oiga, no se tocan.
Si tú hicieras, y publicaras, un dibujo del padre del dibujante de caricaturas en cuestión, vestido de conejito de pléivói, posiblemente el dibujador quedaría indignado y se pondría manos a la obra para que tú pagaras caro tus escasas gracias.
Por cierto, ¿cómo se llama el dibujador que perdió los límites, provocando con ello, y sin querer, el primer debate sobre Lo Sagrado después de Auschwitz? (1)
Y sagrado es también que cada uno page sus deudas, de manera que el caricaturizable dibujador pague las suyas, se disculpe, y nos deje a los demás vivir en paz, si a lo que nos quedó después de Auschwitz se le puede llamar vivir.

(1) Donde dice Auschwitz puede leerse Guantánamo o Hirosima o Numancia, caso de querer leer.

Es sabido que no sabemos contar chistes, no sólo porque no tenemos gracia sino porque tampoco tenemos memoria.
Cuentan que cuando alguien con nuestras mismas cualidades sabía un chiste iba donde nuestra madre y se lo contaba, porque ella tenía memoria y gracia, después lo contaba en el grupo. Pero nuestra madre murió el año pasado, así que no podemos ir a decirle: ¡Amatxu! begira zér ona! (1)
Tal vez haya por aquí alguien que tenga ganas de contar chistes, tal vez tenga también gracia, y por si no tiene memoria le vamos a dejar aquí uno escrito.
Oímos el chiste en euskera, pero como no sabemos escribir bien en esa lengua y nuestros lectores no saben ni una palabra, lo vamos a traducir al español (del eusk. ezpain), eso sí que sabemos hacer.
Y es la cosa que había no muy lejos de aquí una mujer muy enfadada con Dios. Porque era injusto el reparto de tareas: Trabajarás con sudor a unos y te partirás con dolor a otras. Así que subió al cielo a protestar. Viendo Dios que la mujer tenía razón, le dijo:
No te preocupes, voy a arreglarlo, y cuando una mujer esté de parto, el dolor lo sufrirá el padre de la criatura.
Así que bajó nuestra amiga de nuevo a su pueblo, y pasó el tiempo. Juntábanse todas las tardes en el casino del lugar, un sacerdote, un médico y un boticario. Y sucedió que una tarde mientras jugaban a los naipes el boticario empezó a sentir unos dolores de vientre terribles, y nació el hijo del molinero, días después fue el segundo amigo julepero el que sufrió el terrible dolor, y nació el hijo del carnicero, y días más tarde el tercer amigo…
El caos fue terrible, como pueden ustedes suponer, de manera que la mujer subió de nuevo al cielo a pedirle a Dios que dejara las cosas como antes.
Cuentan que al niño que nació mientras el sacerdote gritaba, a pesar de ser un varoncito muy bien dotado, le pusieron de nombre Rosalía, por la de Castro.

(1) ¡Mamá, mira que bueno!

Resumen
Es ley de vida y de muerte que cuando más a gusto se está en un sitio es justo cuando hay que irse, a veces, incluso, muertos
Texto
… Si en una asignatura que puede ser considerada el paradigma de la Ciencia Ficción, como es La Teoría de la Literatura un profesor te pone un dos y medio, después de haberte enseñado tu examen en el que te había puesto un tres, macho, es que no vas a aprobar la asignatura antes de que el dicho profesor se jubile… así que, macho, mejor te vas matriculando en Derecho… le decía el uno al otro en un chiste para filólogos del que no tuvimos la ocasión de oír el final.
El chiste lo contaban unos bulego-handiños que acaban de llegar a la oficina, sin otra misión, al parecer, que decir que no están de acuerdo en absoluto con nada de lo que aquí se va diciendo. Sobre todo han mostrado su disconformidad, a veces de muy malos modos, con los viejitos Lagharan O’fis; añadiendo, diríamos que incluso a gritos, que una de las famosas funciones de la literatura permite al hablante,(y, en su defecto, al escribiente) la ficción de realidades que nunca han sido, y que nunca serán; y pone de manifiesto una dimensión inquietante: las posibilidades del lenguaje como el instrumento preciso del engaño… Por nuestra parte, no queremos entrar en polémicas, y únicamente nos resta añadir que tampoco era la cosa como para ponerse así; menos aún cuando esa función del lenguaje de la que hablan los recién llegados bulegandiños, lleva el nombre de lúdica, lo que, para entendernos entre nosotros, quiere decir, más o menos, juguetona. Palabra que nos recuerda a un cuentito que habla de Un día de escuela y que, dedicado a una tal Mariasun, llegó por La Gran Puerta el otro día. Que llegara sin el nombre del autor no la hace menos divertida:
Olvidando que tenía ochenta y tres años cumplidos, se levantó temprano, bebió a todo correr el café con leche, puso bajo el brazo el cuaderno y, tropezándose todo el tiempo, se dirigió escaleras abajo. No siendo largo el camino de su casa a la escuela, lo recorrió rápido, poniendo el pié izquierdo sobre la acera y el derecho sobre la calle. Y canturreando la canción de los dibujos animados de la tele, llegó justo cuando estaba sonando el timbre para entrar en clase. Se sentó en su pupitre y la maestra ordeno silencio. “¡A ver_ dijo_ quién sabe la lección de hoy! ¿Cuáles son las características del Paleoceno?” Mientras los niños bajaban la mirada, haciendo que no habían oído, la tercera edad levantó enseguida la mano, poniéndose de pié con el permiso de la maestra, y, de memoria, recitó:  El paleoceno comenzó hace sesenta mil años, el norte de Europa se sumergió bajo las aguas y los saurios gigantescos desaparecieron…”
El cuento nos llegó anónimo y en euskara y nos hemos tomado el trabajo y la libertad de traducirlo al español; si alguien sabe quién fue el que escribió el cuentito puede hacerle llegar nuestra traducción, y puede también preguntarle, de paso, su opinión sobre la misma, y, si no fuera demasiado pedir, puede también hacernos llegar todas esas informaciones, poniendo en el sobre con letras bien grandes: Bulego Handia.
Fijo que llega.

Resumen A veces, dicen que dijo Umberto Ecco, no hay otra manera mejor de explicar las cosas que contar un cuento, o, en su defecto, encontrarle un buen nombre a Rosa.
Texto
Lo que nos preocupa, les decían unos jóvenes Lagharan O’fis a algunos de nuestros más viejitos Garano Ficios, no es que el obligatorio libro esté escrito en el otro idioma; no, antes estuvo de moda el francés y ahora está de moda esto, ya pasará; si fuimos capaces de mandar a Napoleón a su casa, podremos con ellos. No, seguían diciendo los jóvenes, lo que nos preocupa es que en el libro obligatorio de la asignatura llamada Literatura vasca en el marco de la literatura europea, la literatura vasca no aparece, nada escrito en español, nada escrito en euskara. Lo que nos preocupa, continuaban impasibles, es que tampoco aparece la literatura española escrita por gallegos, andaluces, catalanes… Lo que nos preocupa, seguían y seguían, es que en el obligatorio libro no aparece la literatura.
Lo que nos preocupa, terminaban diciendo, es no saber por qué, dado el hecho de que Martín no ve que haya literatura vasca, no le cambian el nombre a la asignatura, aunque, esperar… ¿a ver si es otra vez cosa del mal de niebla?
Para cuando los jóvenes Lagharan O’fis terminaron su larga y tediosa frase los viejitos Garano Ficios se habían dormido tres veces. Pero con el silencio se despertaron, y, sin venir a cuento, como hacen a veces los viejos, dijeron:  Nos han contado un chiste para filólogos… verás, va uno y le dice al otro: ¿cómo se dice uno en inglés? y el otro le contesta: uán, a lo que el primero responde: ¡andá, como mi padre!
Los jóvenes, que no estaban para chistes, agarraron la Gran Puerta y se fueron haciendo mucho ruido, no se dieron cuenta de que podían haberse evitado la molestia ya que los viejitos están bastante sordos.
Y a la pregunta de por qué hemos elegido transcribir esta pequeña historia, contestaremos que es para ilustrar un debate que se está preparando muy cerca de aquí, un debate que trata de lo difícil que es conseguir que una oficina sea grande.