Resumen:
En el que se trata de explicar cómo la plenitud jamás podrá llenar el vacío
Texto:
Dicen que siendo un preadolescente desapareció de repente, con gran disgusto para sus padres, y que un tiempo después lo encontraron entre sabios y doctores hablando de lo divino y de lo humano, como si fuera ya un adulto. Podemos conjeturar que en aquel momento los hombres buscaban también en el pasado para conocer la verdad; por lo que podría decirse, sin miedo a equivocarse demasiado, que todos aquellos sabios hablaban de pensamiento griego, o pensamiento egipcio o pensamiento chino… Hace dos mil años…
Bien, si nos quedamos en que, en aquellos días, eran los escritos de filosofía china los que más interesaban, podemos imaginar que el trabajo se centraba en Confucio cuando dijo, A los quince años decidí estudiar, a los treinta, al ser iniciado en los ritos, me afiancé; a los cuarenta no ignoraba nada de la vía de la virtud; a los cincuenta conocía los decretos del cielo, a los sesenta tenía el discernimiento perfecto; a los setenta, actúo en todo según mi deseo y no transgredo la regla. (1)
Y si hemos dejado volar la imaginación de esta manera en esta mágica y helada tarde de Reyes, es precisamente porque Melchor, Gaspar y Baltasar venían de Oriente, y, si no nos orientamos mal, al oriente de Oriente Medio bien podía estar… China, con lo que quién sabe si los famosos Reyes no eran un pelirrojo, un pelirrubio y un pelinegro, sino tres científicos amarillos que conocían a fondo las enseñanzas de Kung-tse.
Pero si hemos venido hasta aquí a contar hacia dónde ha volado hoy la imaginación de la oficina es para que no se nos pierda esa maravillosa frase de Confucio, que parece estar escrita para tanto estudiante confuso que dicen que hay a este lado de los ventanales.
(1) Vacío y plenitud. François Chen Ed. Siruela. Madrid, 2004. (Pg. 97)