Una de las condiciones que convierten en sagrado lo sagrado es, precísamente, que lo sagrado no se toca.
Así que la cosa queda en que tienen razón, y en que el que dibujó nos debe a todos una disculpa, porque hay cosas que no, oiga, no se tocan.
Si tú hicieras, y publicaras, un dibujo del padre del dibujante de caricaturas en cuestión, vestido de conejito de pléivói, posiblemente el dibujador quedaría indignado y se pondría manos a la obra para que tú pagaras caro tus escasas gracias.
Por cierto, ¿cómo se llama el dibujador que perdió los límites, provocando con ello, y sin querer, el primer debate sobre Lo Sagrado después de Auschwitz? (1)
Y sagrado es también que cada uno page sus deudas, de manera que el caricaturizable dibujador pague las suyas, se disculpe, y nos deje a los demás vivir en paz, si a lo que nos quedó después de Auschwitz se le puede llamar vivir.

(1) Donde dice Auschwitz puede leerse Guantánamo o Hirosima o Numancia, caso de querer leer.

Resumen:
Que cuenta cómo en el siglo XI se hablaba de los mismos problemas que en el año dos mil cinco; eso sí, con distintas letras.
Texto:
Jarcha número 3

mi fena ÿes li-mahtï in luhtu
kon males me berey
non me lesa moberë aw limtu
mama gar ke farey

Mi pena es a causa de un hombre violento:
si salgo con males me veré
no me deja mover o soy recriminada.
Madre, dime, qué haré

Dicen que jarcha es una palabra árabe que significa salida o finida.