Nos ha costado, más o menos, mil y mil años conseguir un idioma normalizado, otros tantos para conseguir una institución que reúna personas capaces de proyectar esa normalización; nos ha costado mil y mil años llegar a hablar todos lo mismo; unos más rápido que otros, noski.
Pero hay quien no siente interés alguno por esa costosa norma; quien, además de esto, está encargado de contarnos qué pasará en tal y tal sitio, en Bilbao, en los próximos días; y cuando va a explicar si la cosa será el jueves o el viernes, retrocede mil y mil… y otros mil años, más o menos hasta la Edad de Oro del Matriarcado, y piensa para sí:
Mi madre decía “barikua”, así que yo diré “barikua”.
Lo piensa, lo dice, lo manda escribir en el folleto y nos hace leer a todos barikua en el lugar en el que, mil y mil y mil años después de l’amachu (1) ancestral de cada cual, la norma dice que, si hablamos del horario del viernes, debemos usar la palabra ostirala.
(1) L’amachu es el nombre de una madre a la que sus hijos quieren mucho, si no es tanto se le llama l’amá.
Noviembre 2, 2007 at 12:41 pm
[...] sin Gran Vías ya lo han habían decidido las mujeres vascas, lo que no sorprenderá demasiado en un Matriarcado como el que en este cuento aparece. Los vascos que no habían nacido en los últimos y pasados [...]
Abril 15, 2009 at 11:36 am
[...] que esté muy enfadado, que grite y sienta traiciones a la patria; patria que, le guste o no, es una matria. Pero lo que el pueblo vasco sabe seguro es que el Yanolendakari arenga a las masas en español, [...]