128.- La mandíbula de Freud
2004-10-15 15:13:05 – Asun Undabeitia

Tema: Los nombres

Resumen: También los hijos de Pedro escriben poemas

Texto: De que no compramos tabaco hace unos días se cumplió un año, el tres de octubre. La mayoría de nuestros amigos se olvidó de felicitarnos, pero aún así… somos ricos. Ahora que las verdaderas drogas están haciendo estragos entre los más jóvenes, quizá haya quien quiera reflexionar y modificar aquello de que el tabaco es una droga, frase con la que nos martirizaron durante años. Claro, claro… ya, es cierto que no sabemos si es o no el tabaco una droga, lo que sí es una verdad como una casa es que el tabaco es caro. Hemos invertido lo ahorrado en un fantástico ordenador, hecho aquí mismo, que empezaremos a utilizar en unos días.

No cabe duda de que nuestra salud ha mejorado también, lo que nos lleva a pensar en la mandíbula de Sigmund Freud, y es que dicen en su biografía que si hubiera dejado de fumar, su mandíbula le hubiera concedido el tiempo necesario para terminar su última tesis, una tesis con la que estuvo a punto de demostrar que Guillermo Shakespeare nunca existió, que únicamente es el nombre que las gentes de teatro, queriendo poner orden en los archivos, le dieron a un hipotético autor, y que lo hicieron en el momento en que se enteraron de que los griegos habían inventado para el mismo fin el nombre de Homero. Pero no dejó de fumar, y su mandíbula se lo llevó sin que llegáramos a saber por qué quería demostrar que Sespir no era otra cosa que una leyenda.

Del que se sabe seguro que era una leyenda es del poeta Ossian, en realidad se llamaba, dicen, Macpherson, y nos da por pensar, como le dio por pensar a Sigmund Freud, que si no será Mac-pher-daugther. Si quien inventó a Ossian hubiera sido un varón, ahora conoceríamos su nombre de pila tan bien como conocemos el de Guillermo… Sespir. Pero no es así, lo que nos lleva a pensar que Macpherson fue, probablemente, una mujer. Esperemos haber dejado a tiempo el tabaco y que nuestra mandíbula nos deje el tiempo suficiente para demostrar, que no fue Ossian sino Ossiana quien escribió tan bellos poemas.

Si hay por ahí alguien con ganas de jugar con las letras de la palabra Macpherson, le sugerimos que las compare con nuestro familiar apellido Pérez. Al fin, llamarle a alguien Pérez es decirle que es el hijo de Pere, que también podría escribirse Pher-e, y que nos recuerda al nombre catalán Pere, que dicen que significa Pedro, o piedra, o… ¿quién sabe? La cosa es que estamos escribiendo un fantástico cuento gótico que comienza diciendo: Érase una vez una mujer bellísima que escribió un maravilloso poema. Eso es, exacto, la misma, la hija de Pedro…

Continuará.